Un domingo cualquiera.
A las 9:30 suena el teléfono. No encuentro las gafas así que contesto sin saber quien me llama. E. Que dice algo de quedar en algún sitio a alguna hora. Cuelgo y vuelvo a la cama. A las 11:22 vuelve a sonar el teléfono, ¡pensaba que lo habia apagado! F, que dice que si quedamos para bajar a no se donde y que me recogía en casa. Cuelgo el teléfono y me doy la vuelta en la cama. 12:50 otra vez suena el teléfono, ésta vez es R diciendo que baje, para ir a donde E había dicho. Cuelgo y cierro los ojos. A las 13:30 suena el timbre de abajo, están aqui. Siempre con prisas, no me da tiempo a nada salvo lavarme los dientes y bajar vistiendome por el camino. 14:50 tras una hora de cola, por fin conseguimos la comida y vamos a casa de E. A las 16 tengo que acostarme de nuevo; tantas prisas no son buenas...

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